La crisis en Irán reactiva la piratería en Somalia tras el cierre del estrecho de Ormuz

Celimar Camacho

El conflicto geopolítico en Oriente Próximo ha tenido un efecto colateral inesperado en las aguas del océano Índico. El cierre del estrecho de Ormuz, provocado por el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, ha desmantelado las redes de tráfico ilícito de armas y drogas que sostenían económicamente a las mafias somalíes. Sin estos ingresos, las redes criminales han regresado a su actividad tradicional: el secuestro de barcos a gran escala.

Actualmente, tres buques permanecen retenidos en el norte de Somalia y más de 60 piratas se encuentran activos en el mar, una cifra inusual que ha encendido las alarmas internacionales.

Tres buques secuestrados y crisis humanitaria a bordo

Las mafias somalíes han aprovechado que la atención y los recursos de la comunidad internacional se han concentrado en la crisis de Ormuz. En el último mes y medio, el ritmo de los abordajes ha crecido exponencialmente, registrándose una media de tres ataques cada diez días.

En este momento, la situación de los barcos apresados es la siguiente:

  • MT Honour 25: Petrolero procedente de Emiratos Árabes Unidos. Su tripulación, compuesta por 17 personas (en su mayoría pakistaníes), fue abordada a finales de abril tras superar con éxito la zona de conflicto en el golfo Pérsico. La situación a bordo es crítica, con escasez severa de provisiones.

  • MT Eureka: Petrolero retenido con 12 tripulantes a bordo.

  • MV Sward: Carguero secuestrado con una tripulación de 15 personas, entre las que se encuentran cuatro ciudadanos indonesios.

Los captores ya exigen el pago de rescates y mantienen a los rehenes bajo una estricta vigilancia, mientras países como Pakistán e Indonesia gestionan vías diplomáticas y de cooperación con el gobierno de Somalia para lograr la liberación de sus nacionales.

La Operación Atalanta, al límite de su capacidad

La Unión Europea mantiene un despliegue militar en la zona a través de la Operación Atalanta, cuya comandancia lidera el vicealmirante español Ignacio Villanueva. Desde la fragata española Canarias, las fuerzas internacionales monitorizan de cerca los barcos retenidos, aunque tienen prohibido intervenir en territorio terrestre somalí.

“Desde hace un mes y medio a esta parte ha habido un repunte de la piratería bastante sorprendente porque tenemos ahora mismo más de 60 piratas en la mar. Eso no es normal”, advierte el vicealmirante Villanueva a RTVE.

Aunque la misión cuenta actualmente con dos fragatas, equipos de operaciones especiales, helicópteros, drones (UAV) y un avión de patrulla marítima en Yibuti, el mando europeo reconoce que las capacidades actuales están al límite. De mantenerse el ritmo actual de ataques, la UE se verá obligada a solicitar un incremento de los medios militares en la región.

Relajación de la seguridad en la marina mercante

Desde la Organización Marítima Internacional (OMI), su secretario general, Arsenio Domínguez, ha hecho un llamamiento a las navieras para evitar la complacencia. El repunte de los ataques ha coincidido con una relajación en las medidas de autoprotección que resultaron eficaces durante la crisis de piratería de la década pasada.

Ninguno de los tres buques secuestrados recientemente contaba con personal armado privado a bordo, una de las recomendaciones clave de la OMI junto al uso de alambre de púas, mangueras de alta presión o la desactivación temporal del sistema de identificación automática (AIS).

A diferencia de los conflictos estatales contemporáneos, donde se emplean drones y misiles, los piratas somalíes mantienen su modus operandi clásico: zarpan en pequeñas embarcaciones rápidas (esquifes) desde la costa, se trasladan a “buques madre” pesqueros en alta mar y desde allí ejecutan los abordajes, aunque ahora operan con mayor armamento y una coordinación superior.

El problema de fondo: Inestabilidad en tierra firme

Tanto los mandos militares como los organismos internacionales coinciden en que la presencia naval y la seguridad privada son soluciones temporales. La piratería en el Cuerno de África sigue alimentándose de los problemas estructurales de Somalia, un país marcado por la falta de gobernanza, el conflicto armado interno y una severa sequía que mantiene a la población en niveles de hambruna. Mientras la situación en tierra no se estabilice, el mar seguirá siendo el refugio de las redes criminales.

RTVE

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