La inteligencia artificial generativa ha dado un salto cualitativo fundamental: ha dejado de ser una simple herramienta de conversación para convertirse en un verdadero asistente ejecutivo capaz de realizar acciones concretas. Tanto Gemini de Google como ChatGPT de OpenAI han evolucionado para integrarse profundamente en la rutina digital de los usuarios, permitiendo no solo la redacción de textos, sino la ejecución de tareas complejas como agendar reuniones, buscar información en correos antiguos o planificar viajes completos conectándose con otras aplicaciones.
En el caso de Gemini, su gran fortaleza radica en las “Extensiones de Google”. Esta funcionalidad permite que el chatbot se conecte de forma nativa con el ecosistema de Google Workspace. Esto significa que el usuario puede pedirle a la IA que busque un dato específico dentro de una cadena de correos en Gmail, que resuma un documento almacenado en Google Drive o que verifique la disponibilidad en Google Calendar para agendar una cita, todo esto sin salir de la interfaz del chat y con un lenguaje natural.
Para activar estas capacidades en Gemini, el usuario debe acceder a la configuración de extensiones y habilitar los permisos correspondientes. Una vez activo, la interacción se vuelve fluida. Por ejemplo, al planificar un viaje, se puede solicitar a Gemini que busque vuelos a través de Google Flights, localice hoteles en Maps y, acto seguido, añada las fechas seleccionadas al calendario personal, transformando una tarea que tomaba horas en una gestión de minutos.
Por su parte, ChatGPT ofrece una aproximación distinta pero igualmente potente, especialmente en sus versiones de pago (Plus). A través de los “GPTs” personalizados y las integraciones de análisis de datos, la herramienta de OpenAI puede procesar archivos Excel, generar gráficos o interactuar con APIs de terceros. Aunque no tiene la integración nativa con Google, su capacidad para conectarse con herramientas como Zapier le permite automatizar flujos de trabajo en miles de aplicaciones empresariales.
Una de las funciones más útiles y menos exploradas de ambos sistemas es la gestión de listas de tareas. En lugar de escribir manualmente los pendientes, el usuario puede dictar o escribir una lluvia de ideas desordenada y pedirle a la IA que las organice por prioridad, las categorice y, en el caso de las integraciones móviles, las añada directamente a la aplicación de Recordatorios o Google Tasks en el teléfono.
Sin embargo, esta interconectividad plantea importantes interrogantes sobre la privacidad y el manejo de datos. Al conceder a estas inteligencias artificiales acceso a correos personales, documentos privados y agendas, el usuario debe ser consciente de los términos de servicio. Aunque ambas compañías aseguran que los datos personales de Workspace (en el caso de usuarios empresariales) no se usan para entrenar los modelos públicos, la precaución sigue siendo la norma recomendada por expertos en ciberseguridad.
Para maximizar la utilidad de estas herramientas, es crucial aprender a formular los “prompts” o instrucciones de manera orientada a la acción. En lugar de preguntar “¿Cómo organizo mi día?”, la instrucción efectiva sería: “Revisa mi Google Calendar para mañana, identifica los huecos libres y propón bloques de tiempo para trabajo profundo”. Esta especificidad es la que desbloquea el verdadero potencial de los asistentes como agentes activos.
En conclusión, estamos presenciando el fin de la era del “chatbot pasivo”. La capacidad de Gemini y ChatGPT para interactuar con otras aplicaciones marca el inicio de la “IA agéntica”, donde los asistentes no solo responden preguntas, sino que ejecutan órdenes en el mundo digital, ahorrando tiempo valioso y redefiniendo el concepto de productividad personal y laboral en la era moderna.















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