Fuelle Musical que Abraza Distancias y Respira Esperanza
Existe un instrumento que no se apoya en el suelo, sino que se abraza contra el pecho. Es una caja de madera, cuero y metal que ha sido bautizada con muchos nombres, pero quizá el más tierno y preciso sea “el piano de los pobres”.
A diferencia de otros instrumentos musicales El acordeón solo necesitó la espalda de un migrante y un par de correas para cruzar fronteras, océanos y desiertos para ser famoso por el mundo
Un Pulmón de Cuero en el Barco
En el siglo XIX y principios del XX, las bodegas de los barcos que salían de Europa estaban llenas de sueños y de acordeones. Los italianos lo llevaban consigo para recordar las montañas de los Apeninos; los alemanes para inspirarse en lograr la precisión en sus fábricas; polacos, húngaros y rusos cargaban el alma de las estepas en sus bayanes.
Para estos migrantes, el acordeón era la única patria que no les podían quitar. Podemos decir que, en medio de la soledad del exilio, el movimiento del fuelle imitaba el ritmo de la respiración humana, convirtiéndose en un consuelo físico: mientras el acordeón respiraba, el migrante sentía que su cultura seguía viva.
Del Vallenato a la Frontera Norte
Al llegar a América, el acordeón hizo algo milagroso: aprendió nuevos idiomas. En Colombia, se empapó del sudor y la alegría del Caribe para dar vida al vallenato, contando las penas y amores de los campesinos. En México, se instaló en el norte, convirtiéndose en el cronista de la vida fronteriza, de los “mojados” y de la resistencia cultural. Sin dejar de lado a Brasil que asimiló el instrumento venido de inmigrantes italianos y alemanes establecidos en la región sur del país.
Así que el acordeón es, por excelencia, un instrumento de integración y hasta de mestizaje; porque es la prueba de que algo que nació en una aldea alemana puede convertirse hasta en la voz de un campesino en el Valle de Upar o de un trabajador en Monterrey.
Sin dejar de lado a Astor Piazzola quien, reinterpretando el tango tradicional con su bandoneón, fue capaz de remigrar el instrumento a Europa, desde Argentina a Italia.
El Sonido de la Esperanza
¿Por qué nos conmueve tanto el acordeón? Quizá porque es el instrumento que más se parece a nosotros: es ruidoso pero capaz de la más dulce melancolía; es pesado, pero se lleva con orgullo; y, sobre todo, necesita aire para vivir.
En estos tiempos de movilidad humana y distancias dolorosas, el acordeón nos enseña una lección de “Humilitas“: no se necesita un gran equipo para crear belleza, solo hace falta un corazón dispuesto a latir y un fuelle que sepa transformar el aire de la nostalgia en el canto de la esperanza.
Así que la próxima vez que escuchemos un acordeón, no solo oigamos la música; escuchemos también los pasos de millones de personas que, antes que nosotros, encontraron en esas teclas y botones el valor para seguir caminando. Porque todos somos migrantes y en nuestro caminar buscamos esa melodía que haga sentirnos en casa.
Fernando Tirro















Deja una respuesta