Crisis humanitaria en Afganistán empuja a familias a la hambruna y a decisiones extremas

Celimar Camacho

Tres de cada cuatro ciudadanos no pueden cubrir sus necesidades básicas. Los recortes del 70% en la ayuda internacional y la peor sequía en décadas disparan la desnutrición y obligan a padres a vender a sus hijas menores para costear tratamientos médicos o comprar alimentos.

CHAGHCHARAN, AFGANISTÁN. – Cientos de hombres se congregan diariamente al amanecer en una plaza polvorienta de Chaghcharan, capital de la provincia de Ghor, con la esperanza de conseguir empleos informales que les reporten entre 150 y 200 afganis diarios (un equivalente aproximado a 2,35 o 3,13 dólares). La parálisis económica estructural ha convertido la búsqueda de sustento en una estadística precaria: en jornadas de alta afluencia, los empleadores locales apenas absorben a una fracción mínima de los aspirantes, dejando a comunidades enteras sumidas en el desabastecimiento alimentario regular.

Según datos oficiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el panorama macroeconómico del país muestra que el 75% de la población es incapaz de costear bienes y servicios de primera necesidad. El colapso del sistema sanitario, el desempleo generalizado y una reducción drástica del 70% en las partidas de asistencia internacional proyectadas en comparación con periodos anteriores han dejado a 4,7 millones de personas —más de una décima parte de la población nacional— en niveles críticos de inseguridad alimentaria, al borde de la hambruna.

Estrategias de supervivencia extremas y matrimonio infantil

La precariedad extrema ha forzado la reactivación de dinámicas de supervivencia que vulneran de forma directa los derechos de los menores de edad. En las zonas rurales de Ghor, cabezas de familia reportan estar dispuestos a negociar la entrega de sus hijas bajo contratos de matrimonio concertado prematuro o servidumbre doméstica como único recurso para saldar deudas y garantizar la manutención del resto de los integrantes del hogar.

Un caso testigo que ilustra la gravedad de la crisis médica y económica es el de Saeed Ahmad, residente de la entidad, quien confirmó haber transado la venta de su hija de cinco años por una suma de 200.000 afganis (unos 3.200 dólares) a un familiar. El acuerdo financiero tuvo como objetivo inmediato financiar una intervención quirúrgica de emergencia para tratar una apendicitis y un quiste hepático que ponían en riesgo la vida de la menor. Bajo los términos establecidos, la infante permanecerá con su núcleo familiar por un lapso de cinco años antes de ser transferida formalmente para contraer nupcias a la edad de 10 años.

Especialistas en la región asocian el incremento de los matrimonios infantiles no solo a la insolvencia económica actual, sino también al marco regulatorio impuesto por el gobierno talibán, el cual restringe el acceso de las mujeres y niñas a los sistemas de educación formal y al mercado de trabajo.

Colapso sanitario y desnutrición neonatal

El impacto de la crisis se refleja de manera directa en los indicadores de salud pública del principal hospital provincial de Ghor. La unidad neonatal del centro médico opera a máxima capacidad, registrando escenarios de hacinamiento donde se asignan hasta dos pacientes por cuna. Los informes del personal de enfermería detallan que la desnutrición materna severa está provocando un alza en los partos prematuros y nacimientos con bajo peso crítico.

El desabastecimiento de insumos obliga a los familiares de los internos a adquirir los fármacos y tratamientos en redes de farmacias privadas externas. Ante la imposibilidad de cubrir dichos costos operativos, las altas médicas voluntarias por motivos financieros se han vuelto frecuentes, interrumpiendo tratamientos críticos para patologías como la meningitis o la neumonía en lactantes. El doctor Muhammad Mosa Oldat, director de la unidad, confirmó que la tasa de mortalidad institucional alcanza el 10% debido a la insuficiencia de equipamiento técnico y terapéutico especializado.

Reducción de la cooperación internacional y tensiones políticas

El déficit de recursos responde, en gran medida, a la reconfiguración de la política exterior de los principales países cooperantes. Tras el cambio de régimen en 2021, administraciones como las de Estados Unidos y el Reino Unido recortaron de forma significativa los fondos destinados a la asistencia humanitaria en territorio afgano, argumentando disconformidad con las restricciones civiles impuestas a la población femenina por el gobierno local.

Por su parte, el portavoz adjunto del gobierno talibán, Hamdullah Fitrat, deslindó de responsabilidad a la gestión actual, atribuyendo los índices de desempleo a la herencia de una “economía artificial” generada durante las dos décadas de intervención extranjera. La administración local instó a los organismos internacionales a “no politizar la ayuda humanitaria” y apuntó a la explotación minera y a proyectos de infraestructura vial a largo plazo como los ejes previstos para la estabilización laboral, aunque analistas independientes advierten que dichas medidas estructurales no atienden la urgencia alimentaria de la población afectada en el corto plazo.

Noticias BBC

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