El regreso a las aulas siempre representa un horizonte lleno de expectativas, reencuentro y renovación. Sin embargo, hay momentos en los que el calendario escolar coincide con la necesidad profunda de detenernos, reflexionar y sanar colectivamente como comunidad.
En esta ocasión, el docente Fernando Seijas R., integrante de la Fundación Centro Gumilla Carabobo, nos comparte unas palabras conmovedoras para abrazar el inicio de este nuevo ciclo lectivo.
Con una mirada sensible y profundamente humana, el autor aborda el peso de las ausencias, el dolor comunitario ante las tragedias que marcan a nuestras regiones y la responsabilidad ética y afectiva de transformar la escuela en un espacio de consuelo, resguardo y pedagogía de la memoria.
A continuación, compartimos en las páginas de Infoenlace esta hermosa y necesaria reflexión que nos invita a honrar el legado de quienes ya no están y a renovar la vocación educativa desde el amor, la ternura y la solidaridad.
Las listas que guardarán silencio
Hoy, 14 de Septiembre, el calendario señala el inicio del año escolar pero en las aulas de La Guaira el aire pesa con la tristeza del duelo.
Habrá pupitres que hoy quedarán vacíos y cátedras sin maestros, no por un ausentismo caprichoso, sino por la devastación irreversible que dejó la tierra aquel veinticuatro de junio. Las estadísticas dan cuenta de 32 docentes y 1005 escolares fallecidos.
En muchas casas, los uniformes planchaditos y los morrales listos, se quedarán colgados tras la puerta, convertidos en testimonios intactos de una presencia que ya no ocuparán los pupitres ni correrán en el patio.
Volver a clases tras la tragedia exige una pedagogía de la memoria y la ternura. Educar, en esta hora difícil, significa sostener la mirada ante la ausencia y aprender a nombrar el vacío. Cuando el docente pase la lista, habrá nombres que responderán solo en el eco de los corazones y en la remembranza a docentes cuyos pasos ya no resonarán frente al pizarrón. El patio del recreo, con menos risas y juegos , nos recordará que la escuela no es solo un edificio de concreto, sino una comunidad afectiva tejida por almas que se cuidan.
Acompañar a quienes quedan implica transformar el dolor, acompañando desde la cercanía, resignificando el valor de la vida, del otro y del nosotros.
Guardar esos espacios no es cultivar la tristeza, sino honrar el legado de cada niño, niña y educador que habitó nuestras aulas. En el lienzo en blanco del nuevo año escolar, la enseñanza se vuelve un acto de amor resistente, donde la memoria de los que partieron ilumina el camino de quienes hoy intentan volver a empezar.
Un minuto de silencio en el patio para quienes hoy no volvieron a su escuela.
*Dales Señor el descanso eterno…….
Fernando Seijas R
(Docente) Fundación Centro Gumilla Carabobo














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