En la entrega anterior compartimos el marco inicial de la investigación «Afinando nuestra vida», presentada por Alana Gutiérrez en la reciente ExpoCupio 2026 del CUPIO en Valencia.
Hoy, en este segundo capítulo de nuestra serie especial, nos adentramos en el sustento científico y social que demuestra cómo el sonido y la lírica influyen directamente en la mente humana, la memoria y la conducta colectiva.
Fundamentos neurocientíficos y culturales del poder sonoro
Por: Alana Gutiérrez / Especial para Infoenlace.net.ve
Para comprender el alcance de la música como herramienta terapéutica y social, la investigación «Afinando nuestra vida» se apoya en los marcos teóricos de renombrados autores e investigadores y todos esos aportes permiten analizar cómo la música conecta con las fibras más profundas del cerebro y la conducta humana.
Existen casos emblemáticos que ilustran con claridad esta conexión. Uno de los más conmovedores en la neurociencia contemporánea es el de Marta Cinta González Saldaña, quien fuera bailarina profesional de ballet. En el año 2014, Marta fue ingresada a una residencia de ancianos tras ser diagnosticada con Alzheimer avanzado.
Un emotivo registro en video realizado en 2019 mostró cómo, al escuchar la obra El lago de los cisnes, sus ojos se iluminaron e inmediatamente comenzó a recrear desde su silla, con precisión y gracia, las coreografías que había bailado en su juventud.
Este fenómeno evidencia las teorías de Howard Gardner, Daniel J. Levitin, Daniel Goleman, Viktor Frankl y María de los Ángeles Oriol López que demuestran cómo la memoria musical y emotiva puede permanecer intacta aun cuando otras funciones cognitivas se han deteriorado.
Por otro lado, desde la perspectiva del impacto socio-conductual en la juventud, la investigación analiza el fenómeno de la lírica urbana, citando el caso del reconocido rapero venezolano Tirone José González Orama («Canserbero»). A través de un estilo reflexivo, evocador y desafiante, Canserbero logró sembrar en miles de personas un pensamiento crítico que perdura en el tiempo, demostrando que la palabra combinada con el ritmo tiene la capacidad de motivar conductas e identidades colectivas e individuales.
Ambos ejemplos, desde latitudes y géneros totalmente opuestos, confirman que el estímulo sonoro posee una capacidad única para la regulación emocional, el rescate de la identidad y la transformación de la conducta en distintas etapas de la vida.














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