San Agustín, palabras de Justicia: Pbro. Dr. Luis Eduardo Martínez B.

Pablo Rivas

San Posidio, fiel discípulo y biógrafo de San Agustín nos deja datos suficientes acerca de los últimos momentos de la vida del Obispo hiponense. Después de unos días de enfermedad en los que quiso recogerse y dedicarse a la oración, evitando que otros le distrajeran con sus visitas, el 28 de agosto del año 430, a punto de cumplir 76 años, “conservando íntegros los miembros corporales, sin perder ni la vista ni el oído, asistido de nosotros, que lo veíamos y orábamos con él, se durmió con sus padres, disfrutando aún de buena vejez”, y tal como dice el epígrafe del poeta profano, el poeta vive después de muerto, habla cuando lo leemos porque la voz es suya.

Cuando transitamos hacia la celebración de los 1600 años de la Pascua de Agustín, su voz sigue resonando, el poeta sigue vivo. En el pensamiento de un escritor clásico son muchas las palabras que resuenan y resultan vigentes. En el contexto en el cual vivimos los venezolanos, una palabra muy querida por San Agustín puede iluminarnos: Justicia. El Concilio Plenario de Venezuela, refiriéndose a la formación de los laicos, afirma: “Los obispos, sacerdotes y religiosos orientarán y apoyarán la formación socio-política de los venezolanos en la línea de la construcción de la paz y la justicia. Insistirán en la participación política de los seglares como una opción de servicio y compromiso en la construcción de nuevos modelos de sociedad”; hay un compromiso serio y profundo en la construcción de la sociedad, participando en la vida política desde la justicia.
La comprensión de Agustín con relación a la justicia supera la clásica visión de Cicerón. No deja de admitir que lo justo pasa por conceder a cada uno lo que le corresponde, sino que, además, para alcanzar tal justicia es necesaria la gracia; ella es el único medio indispensable que nos lleva a la justicia perfecta. En la réplica a las llamadas _Definiciones de Celestio,_ el santo Obispo expresa la dimensión antropológica de la Justicia: “¿Por qué al hombre le sería mandada tanta perfección, aunque nadie la alcance en esta vida? Porque nadie corre bien si no sabe a dónde debe correr. Y ¿cómo lo va a saber, si no hay un precepto que se lo indique? Por lo tanto, corramos de tal modo que lo alcancemos. Porque todos los que corren bien llegan a ganar (…) Corramos con fe, con esperanza, con deseo (…) Así atenderemos al mandato de la perfección”.
Hay un reconocido anhelo de la justicia en el alma humana, un anhelo que implica un esfuerzo, que conduce a la _vera vita beata_ , a la vida verdadera; esfuerzo que no desvincula la disposición del corazón para alcanzar la plenitud. No obstante, la Justicia no requiere solo del esfuerzo humano, es posible llegar a ella por el hombre es _Capax Dei,_ capaz de Dios, necesitado de Él. Todo proceso de justicia debe estar impregnado no solo por el deseo de cumplir o establecer un aparato jurídico que lo sostenga; la justicia se alcanza también desde la propia responsabilidad, ésta la perfecciona, para que no se conforme solo en alcanzar los bienes y evitar los males. La herida tangencial del pecado original hace que “la concupiscencia maliciosa persuada por engaño o conquista el corazón del hombre y lo desvíe para hacer, decir o pensar algo que no debía”. Es decir, lo hace injusto.
Cuando la justicia es herida por la “concupiscencia maliciosa”, se hiere también el tejido social. En el ámbito social, la justicia se enmarca dentro de lo que podemos reconocer en Agustín como el _Ordo Amoris_ . La justicia se hace desde el amor al otro, lo implica. Se vive en la justicia cuando se vive en el amor, pero la justicia de la ciudad es imperfecta. La razón por la que Dios le propone al hombre que ofrezca sacrificios en su nombre, es justamente por solo cerca del Él, alcanzará la perfección. Fuera del _Ordo Amoris_ no hay justicia. No puede haber sociedad sin ella. En la obra _Civitate Dei_ encontramos la famosa afirmación: “Si de los Gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en grandes latrocinios? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en pequeño? Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada”.
Si hay justicia, hay sociedad, cuando ella falta no puede haber Estado. Es un principio inamovible e innegociable para que haya Estado. Se trata de una forma fundamental de gobernabilidad análogo al gobierno. Es una razón que en el hombre se ejerce sobre las pasiones y la carne. No es una determinación impuesta, es un mutuo consenso bien entendido orientando la razonabilidad de actuar.
Empleando una bonita imagen de la partitura, el Padre Africano expone la justicia desde una dimensión colectiva, complementando la referida dimensión antropológica expuesta precedentemente: “Diríamos que lo que para los músicos es la armonía en el canto, eso es para la ciudad la concordia, vínculo el más seguro y el mejor para la seguridad de todo Estado. Y, sin justicia, de ningún modo puede existir la concordia”. En el ejercicio del poder la justicia se presenta como una _conditio sine qua non_ . Es la justicia el principio rector de todo hombre, cuna de la sociedad y norma de derecho.
Como vemos, la justicia no es una concesión o añadido que los sistemas ideológicos y políticos otorgan a los ciudadanos. Adela Cortina refiere que la virtud que entre los ciudadanos podemos exigirnos está precisamente la justicia, garantía de la convivencia y del respeto, para un creyente la práctica de la justicia no es suficiente, debe también vivir a concordia. El derecho, la _iuris_ es el brillo de la ciudadanía. Para el santo africano, la dicotomía no tiene cabida en la práctica de la justicia: “como lo que se hace con derecho se hace justamente, es imposible que se haga con derecho lo que se hace injustamente. En efecto, no pueden llamarse derechos las constituciones injustas de los hombres, puesto que ellos mismos dicen que el derecho mana de la fuente de la justicia y que es falsa la opinión de quienes sostienen torcidamente que es derecho lo que es útil al más fuerte. Por tanto, donde no existe verdadera justicia no puede existir comunidad de hombres fundada sobre derechos reconocidos y, por tanto, tampoco pueblo”.
Que pronto alcancemos la justicia, el derecho, la concordia y la paz.

Please follow and like us:
infoenlace.net.ve

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Search
Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial